El arte de hacer preguntas
Junio 3, 2007
Alguna vez leí que la respuesta no importa que lo importante es la pregunta; me parecen sabias estas palabras y llenas de significado. Lo que importa es el proceso mental que se inicia a través de una pregunta, sin importar si el estudiante acierta o no. Por esta razón, hacer preguntas pertinentes es una necesidad a la que debemos atender todos los educadores. Reconozco, que no es fácil dominar el arte de hacer preguntas, sin embargo, debemos hacer un esfuerzo consciente por lograrlo.
Todos alguna vez hemos caído en la trampa de hacer preguntas fútiles, y ni siquiera nos enteramos, porque andamos muy ocupados haciendo nuestro trabajo como robots y pocas veces reflexionamos sobre lo que hacemos.
Los profesores no somos los únicos culpables, los que escriben libros de texto, tristemente incurren en el mismo error. A veces me encuentro con ejercicios, y exámenes impresos en libros de textos cuyas preguntas rayan en lo ridículo. La ridiculez no tiene que ver sólo con el grado de dificultad , sino también con lo poco relevantes al proceso de aprendizaje.
Propongo que a la hora de crear ejercicios y exámenes tengamos presentes los siguientes recomendaciones, que aunque parezcan obvias no lo son para algunos educadores:
- Evitemos hacer preguntas cuyas respuesta se encuentren en la próxima pregunta o en el primer renglón de una lectura.
- Si queremos saber si los estudiantes entendieron una lectura, hagamos pregunta pertinentes para la comprensión de la lectura. Suelo encontrar preguntas que más que comprensión prueban conocimiento del vocabulario.
- Si queremos saber si los estudiante saben conjugar, hagámosle preguntas que tengan que ver con la conjugación de verbos. No les pidamos que traduzcan el verbo, y que luego lo conjuguen porque si no saben el significado del verbo, no puede demostrar que saben conjugar.
- Si queremos saber si los estudiantes entendieron una selección auditiva, démosle preguntas de selección múltiples con las posibles respuestas impresas; o la otra alternativa es hacerles preguntas en la que pueden demostrar que entendieron el tema. No le pidamos que recuerden un detalle insignificante que se mencionó por medio segundo en una selección de siete u ocho minutos.
- Si queremos saber si el estudiante puede desenvolverse en una situación oral simulada, asegurémonos de que la comunicación sea el principal objetivo de la evaluación, la gramática, siempre y cuando no interfiera con la comunicación, debe pasar a un segundo plano.
¿Valdrá la pena usar rúbricas para calificar?
Mayo 31, 2007
A la hora de calificar, los profesores solemos centrar nuestra atención en lo que los estudiantes no hacen en vez de lo que hacen. Es decir, se nos hace más fácil ver las limitaciones que los aciertos. Pero cabe preguntarse, ¿es ésta la mejor estrategia? A mí me parece que no lo es. Creo que tiene más sentido centrarnos en lo que el estudiante pudo aportar de acuerdo a su habilidad. Es bueno recordar que no todos tienen el mismo nivel académico, por lo tanto conviene evaluarlos como lo que son, individuos.
Una buena opción para evitar caer en esta práctica es utilizar rúbricas. Las rúbricas nos obligan a evaluar el trabajo del estudiante basándonos en lo que han aportado, y no en lo que dejaron de hacer. Por lo tanto, el estudiante obtendrá una nota de acuerdo a qué tan de cerca haya seguido los requisitos preestablecidos en la rúbricas, y cuánto esfuerzo demuestra su trabajo.
Muchos profesores no usan rúbricas porque piensan que los estudiantes suelen sacar mejores notas cuando se las usa. Yo no estoy de acuerdo. Creo que las rúbricas son un sistema más justo, y por tanto vale la pena utilizarlas, en el que cada estudiante es recompensado por el empeño que puso a la hora de preparar su asignación. Nos ayudan a centrarnos hicieron, y no en lo que dejaron de hacer, y le da un poco más de objetividad a la evaluación.
Haga clic aquí para ver una base de los mejores sitios en la Red para crear o encontrar rúbricas para diferentes disciplinas.
¿Qué vamos a enseñar, y para qué?
Mayo 29, 2007
Las primeras preguntas que debemos hacernos los educadores al empezar a planear nuestras unidades temáticas son ¿qué queremos que los estudiantes aprendan, y cómo van a demostrar que lo han aprendido? Es decir establecer el propósito por el cual enseñamos esto o aquello. Hay que evitar el preparar lecciones tras lecciones sin ningún objetivo concreto, sólo porque lo manda el plan de estudios. Además, es bueno considerar la utilidad del material tratado en clase, ¿para qué les sirve a nuestros estudiantes?
Es un verdadero reto establecer conexiones tangibles entre lo que aprenden los niños en el colegio y su realidad cuando salen de éste. Todos alguna vez nos hemos preguntado ¿para qué tengo que aprender esto, si nunca lo voy a utilizar? Nuestros estudiantes se plantean lo mismo, mucho más frecuente de lo que nos gustaría admitir. Sin embargo, no se trata de que todo lo que enseñamos en el colegio tenga un propósito utilitario, no, para nada. Se trata de que el niño pueda establecer conexiones y relacionarse con el material siempre y cuando sea posible; hay que recordar que los niños nos ven como extraterrestres de por sí, entonces hagámosle el trabajo más difícil. No nos encumbremos en un pedestal inalcansable, ni dictemos lecciones simplemente porque sí. Por lo menos tratemos de que el niño pueda identificarse con el material a un nivel mínimo. Se trata de establecer puentes entre el salón de clases y la vida real -siempre y cuando la lección lo permita.